domingo, 15 de enero de 2012

EL NIÑO, LOS NIÑOS,…


Hace poco tiempo hemos celebrado el Nacimiento del Niño Jesús en la pequeña aldea de Belén y como todos los años hemos renovado la esperanza y la ilusión en la vida que nos viene transmitiendo esa conmemoración desde hace ya más de dos mil años. Se nos ruega que seamos mejores personas y que brindemos a todos los que nos rodean bondad y sabiduría. Observo a los niños que conozco y pienso que ellos serán capaces de lograrlo.
Mi pensamiento vuela, a mi pesar, hacia otros niños. Los de la guerra, mutilados y con secuelas psicológicas de por vida. Los niños del cuerno de África, totalmente olvidados a su suerte. Las niñas de Asia a las que no se les permite nacer por no ser necesarias allí. Los niños de Latinoamérica vendidos como mercancía para repoblar Occidente o aquellos también de Sudamérica que habitan las villas que circundan las grandes ciudades, abandonados a su suerte, prostituyéndose en muchos casos para sobrevivir o refugiándose en la droga.

Los adultos no queremos tomar conciencia de que los niños son el futuro del mundo, de que necesitan educación y salud, de que tenemos que desterrar de ellos el resentimiento propio del que no tiene nada y de que tal vez a nadie le interese lo que a ellos les pasa.
Estamos todavía a tiempo de protegerlos y de hacer de ellos una era diferente. Concienciarnos que el ser humano debe lograr para sí, sus pares y el medio ambiente una fusión lo más parecido a lo perfecto y que ese niño que nació por nosotros, sienta que valió la pena su llegada al mundo y las nuevas generaciones también lo crean y el tercer milenio logre ser lo más parecido a un maravilloso mundo, digno de ser habitado.
NORA.

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